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San Alberto Hurtado

Crónicas de San Alberto II

Llegamos con mucho retraso y cuando bajamos del coche no había nadie en la plaza donde normalmente iniciamos la ruta. Cogimos las cajas con la comida y nos dirigimos al centro de metadona, donde nos dijeron los vigilantes de la puerta que esta noche no había pequeños por la zona. Poco a poco, de la nada, se nos empezó a acercar gente preguntándonos si eso que llevábamos era comida. Agradecieron mucho la escudella casera, que pudimos calentar gracias al caldo que llevábamos en los termos. Me recordó a la época «dura» del confinamiento en la que la comida desaparecía en segundos, ayer los pequeños tenían bastante hambre… Escuchamos una preciosa historia de boca de Left, tunecino con raíces italianas (nos la contaba en una mezcla español/italiano que afortunadamente pudimos entender porque mi nivel de italiano es nulo!) Nos dijo que había estado enganchado a la coca (que nunca se había pinchado) y que afortunadamente había podido salir de su adicción y que ahora ya ni siquiera su cuerpo le pedía volver a consumir. Lo que más me impresionó de su historia fue que todo esto lo había hecho solo, no había acudido a ningún centro de desintoxicación. Decía que en los momentos que se veía tentado a recaer pensaba en que quería salir de todo eso y rehacer su vida. Lo vi muy centrado y con una gran determinación de salir adelante, es bonito y esperanzador escuchar estas historias de vez en cuando ya que no es lo frecuente, Andrés por ejemplo nos dijo con su marcado acento gallego que no había tenido una buena semana porque no se habían cumplido sus expectativas, pero que anoche al menos, gracias a que podría cenar, sería una buena noche para compensar la semana.

Me alegró ver al Tanzano Sil, al cual nos lo habíamos encontrado tres semanas atrás en un parque de la ruta de jóvenes junto con Main. Se acordaba de nosotros y nos preguntó si también iríamos esa noche a aquel parque, le explicamos que nos repartíamos las zonas entre las distintas rutas de voluntarios para así intentar poder verlos a todos y nos dio las gracias por la comida y por el voluntariado. Se enfadó un poco con un pequeño al que no le gustó la escudella diciéndole que era un desagradecido pero les pedimos que no se enfadaran y todo quedo ahí.

Preguntamos por Ana y nos dijeron que esta noche no estaba, así que no pudimos dejarle la ropa que llevábamos para ella. Anoche tampoco estaba Alfredo para hacernos de cicerone, así que con la poca comida que nos quedaba, callejeamos hacia una plaza céntrica (entre una multitud de coches de policía) donde repartimos las últimas raciones de escudella y caldo que nos quedaban. Estuvimos charlando un rato con Manuel, de Polonia, que lleva nueve años en España y siete en la calle. Una y otra vez se repiten las historias de personas que vienen a España dejando atrás sus países, familias, raíces… intentando buscar una vida mejor y al llegar aquí se encuentran sin medios para poder salir adelante. Me alegró ver a Manuel bastante centrado y que llevando tanto tiempo en la calle no tenga fuertes adicciones. Acabamos la ruta charlando con Benito y quedamos con los compañeros de otra de las rutas para compartir cómo había ido la noche e historias personales diversas de regreso a casa.

Una de las cosas que más me gusta es cuando nos dicen «Que Dios os bendiga» (sorprendentemente lo dicen muchos de ellos, sea cual sea su religión). En la sociedad que vivimos donde prevalece la razón, los politiqueos y el quedar bien a cualquier precio, de todas las personas con las que me cruzo que dicen esta frase es en los pequeños de la calle donde percibo una sinceridad profunda desde el corazón, se paran y te miran a los ojos como si el trueque entre nuestra comida, la ropa, la charla compartida y su frase estuviese descompensado, cuando es justo al revés, cuando escucho esto compensan todos los esfuerzos, dedicación del apostolado. No te hablan del gobierno, de la vacuna, de las restricciones perimetrales, de volver a la situación pre-COVID y recuperar la vida de antes (porque para muchos de ellos, nada o casi nada ha cambiado desde entonces) te hablan del hoy y del ahora, de que esta noche podré cenar, tendré una manta, de haber podido compartir durante un rato, en algunos casos de la ilusión de trazar un plan para poder rehacer sus vidas y llegar una vida digna, de aspectos básicos que tantas y tantas veces damos por sentado y que olvidamos por el camino…

Como siempre, una bonita noche de San Alberto marcada por la ausencia de gente en las calles y el hambre de los pequeños. Rezaré por todos ellos hasta que nos volvamos a encontrar el próximo viernes.

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