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San Alberto Hurtado

Crónicas de San Alberto I

«Cada día es totalmente diferente, una aventura. Hemos empezado en el exterior de la narcosala repartiendo comida y ropa. Yo tenía ganas de ver a Ana y por eso hemos esperado hasta que han cerrado a las 21:30. Durante la espera, hemos charlado animadamente con algunos pequeños, como Ismael y Tomás, que de aquí a un mes van a convivir porque les van a dar un piso compartido. Es una buena noticia… Todos estaban agradecidos por la comida, la ropa y sobre todo el caldo caliente en estas noches tan frías de invierno. Cuando han cerrado el centro nos quedaban aún bocadillos y hablando con Alfredo, otro de los pequeños, nos ha dicho dónde podíamos encontrar más personas en una plaza cercana. Hemos caminado hacia allí y nos ha hecho de cicerone, guiándonos y presentándonos a todos los pequeños que encontrábamos a nuestro paso. Nos explicaba sus historias: drogadictos, prostitutas, fumadores de crack…. situaciones muy duras que nos hacen relativizar las cosas que nos preocupan en nuestra vida cotidiana. Hemos caminado por diversas calles de la ciudad, ha sido como un tour turístico visto desde un punto de vista radicalmente diferente, y siempre de la mano de Alfredo. A todos los que se encontraba a su paso, les decía: «Hoy hago de voluntario, hoy los acompaño a ellos» Todo un personaje… Hemos rezado con varios pequeños rumanos, algunos de los cuales les ha sorprendido mucho que supiésemos el padrenuestro en su idioma. Al final hemos vuelto al punto de partida, donde teníamos los coches aparcados y allí hemos rezado todos en grupo y hemos gritado el «¡¡¡Jesucristo ha resucitado, en verdad ha resucitado!!!» Alfredo ha sonreído y ha dicho que las cosas que él había hecho en su vida no le dejaban tranquilo. Le he dicho que Dios perdona todos los pecados, que no existe ningún pecado que Dios no pueda perdonar, incluso el asesinato… Él ha dicho que si tuviera que contar todos sus pecados estaríamos una hora y media… Espero que el Señor le dé luz y pueda confesarlos y arrepentirse sinceramente para encontrarse con el amor, el perdón y la misericordia de Dios»

«Bonita noche en uno de los parques de la ciudad. Hemos hecho un círculo para compartir un versículo escrito en una de las revistas parroquiales y ha sido bonito escuchar a uno de nuestros jóvenes explicar con tanta madurez y sencillez el amor De Dios (no hacen falta grandes discursos teológicos para conocer Su amor, en la sencillez radica el secreto). Varios pequeños se sumaron desde otros puntos cercanos, entre ellos Marcos, un joven de 32 años que próximamente entrará en un centro de desintoxicación. Pidió hacer una oración conjunta para que todo le vaya bien en su nueva etapa y pueda enderezar su vida. Al parque llegaron también otros voluntarios con lentejas calientes para repartir entre los pequeños. Les invitamos a acompañarnos y compartir cada uno sus experiencias. Al final, uno de los pequeños me sorprendió enormemente cuando, sabiendo que mis padres están delicados enfermos por COVID, pidió una oración conjunta por ellos, fue un momento muy especial.»

 

* Todos los nombres de esta entrada han sido cambiados para preservar el anonimato de los pequeños *

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