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La extraordinaria labor de una fundación que alimenta y acompaña a personas excluidas

El barrio de El Pomar en Badalona, en el área metropolitana de Barcelona, cuenta con poco más de 4.500 habitantes. Más del 33% de sus vecinos son mayores de 65 años y muchos de ellos viven solos, sin ascensor, en unas condiciones que muestran cómo el barrio ha luchado durante décadas contra la droga.

En medio de estos problemas, los vecinos de El Pomar ven una luz de esperanza. La encuentran en una de sus calles, en la avenida de Terrassa. Allí está la parroquia de San Sebastián, que desde hace años lucha para hacer la vida más fácil a los ciudadanos de su alrededor.

Allí está la Fundación Domus Misericordiae Sant Josep, la casa de misericordia. Su objetivo es ayudar a personas y familias en situación de pobreza y vulnerabilidad ofreciendo acompañamiento integral y apoyo a sus necesidades. Su lema es “dignificar la vida de las personas”.

Esta labor se realiza a través de distintos proyectos. Entre otras cosas reparten comida a los más necesitados, rehabilitan hogares y desde hace unos meses han puesto en marcha el proyecto Santa Cuina (Santa Cocina).

En la cocina de esta parroquia un grupo de veinte voluntarios organizan un comedor social que proporciona una alimentación equilibrada, casera y variada a más de cincuenta vecinos. A la oportunidad de comer se suma un valor muy preciado: la compañía.

Estas vivencias no serían posible sin la figura del artífice de esta fundación, el padre Felipe Simón. Allí se dedica a tres grandes áreas de trabajo: a dar de comer a las personas necesitadas que acuden a su parroquia, a repartir comida por el centro de Barcelona a gente de todos los colores de piel posible e incluso se atreve con el sector inmobiliario, acondicionando pisos del barrio.

Simón considera que escuchar y dar voz a los más necesitados, es incluso más importante que los bocadillos que reparten: “Dar comida a los pobres es la excusa para acompañarlos y esperanzarlos”.

La Linterna 

Ángel Expósito

 

 

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